martes, 13 de mayo de 2025

 Con mi mano, limpio a diario las cáscaras de cal que van depositándose en mis repisas.

Blanca y menuda materia del tiempo y su dinámica.

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La exquisitez tiene matices, gamas de acepciones, de aceptaciones. 

Vino en rama al trasluz, con sus bien visibles partículas flotando: me encandilan, igual que pecesillos en acuática y nutriente cárcel de cristal. Peces que incrementan el sabor, que lo potencian. Y son culmen, para mí, de lo exquisito.

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Yo regaré mis sangres nuevamente, de lo que fue mi padre ensangrentado, y en recia copa recio vino en rama, voy a brindar por él y sus cojones. Yo aplaudiré en el viento su coraje, su duro padecer sin premio alguno. Tatuará la muerte en mi esqueleto la imagen de una flor que no dio aroma, porque no tuvo aire donde abrirse.

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