Habito entre las ruinas de lo que nunca fui. Respiro los retales de un aire imaginado. Pero incesante, en mi centro, este batir de alas: las alas del ensueño.
Tengo más a lo etéreo por materia, que a lo palpable: dichosas mis costumbres de besar a las nubes, de abrazar a la niebla, de escribir poesías sobre la piel del viento.
Tiene la piedra un algo de mi espíritu; como lo tiene el río, con su alargado abrazo; como lo tiene el sauce, con su lánguida pena. Es un algo tendente hacia lo mudo, como un gritar callado, un abrirse hacia dentro, la multiplicidad de lo individuo: me crezco en soledad, me ablando con lo duro.
Mientras tanto, seguiré como siempre: sin comprender el mundo, sin entrar en el mundo. Ese mundo contable, tan de números.
Que yo para contar prefiero los otoños, cada hoja caduca que piso sin querer en mi camino.
domingo, 10 de agosto de 2025
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