Como quien contempla
majestuosa catedral durante un tiempo,
mucho tiempo,
quizás toda una vida.
Ya atrás quedó
aquel primer deslumbre
de la alta nave,
la ingravidez de las nervaduras
en el sublime espacio,
la plenitud de la luz
por rosetón filtrada o vidriera frágil,
el arbotante esbelto
o brazo de Dios sujetando el embeleso.
Ahora, a cada rato, con cada sol,
tras nueva sombra,
a cada contemplación,
con vario ánimo o edad distinta,
advierte
el fascinante detalle que nunca en ella
antes apreció:
el gesto adusto con ojos sibilinos
de una gárgola al incendiarse un crepúsculo,
un leve signo o geroglífica firma sobre desapercibida losa,
el caracol de hierro en filigrana reja...
Así,
durante un tiempo,
mucho tiempo,
quizás toda mi vida,
contemplo yo tu obra,
-inabarcable espacio
para mi tiempo finito-
Luis Cernuda.
miércoles, 4 de abril de 2018
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