Alguien lo vio una noche disfrazado de beso.
De su ombligo nacían Dylan Thomas y otros héroes
como brotes de cólera y sarmientos de furia.
Con ellos fustigaba las piedras de sus muros,
su Yin con Yang perfecto de espaldas hacia el mundo.
La voz tenía apagada, apenas se le oía:
"La luz es sola y una; yo soy la luz del mundo.
Mi escala es invisible a los ojos del necio.
Labios quedan atrás, ya no piso su suelo.
Ni más flor que se abre para morirse luego."
Decíase llamarse el guardián de lo eterno.
Vivía en oscura casa de libros por ventana.
jueves, 5 de diciembre de 2019
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