viernes, 24 de enero de 2020

Cuando es con dulzura hasta la lluvia es bonita. Escucho el golpeteo, sobre un tejadillo que tengo cercano, de las gotas. No las veo, pero me las imagino pequeñas, opacas en la oscuridad de la noche, partiéndose en decenas de minúsculos cristales líquidos al chocar contra la chapa, formando riachuelos en marcha hacia los precipicios de las canales. Esa música suya nadie la ha compuesto. Sí han intentado copiarla, Vivaldi por ejemplo, pero ya no es su música, esta música de ahora que entra por mi ventana, tan natural y aleatoria, cautivadora de tan dulce. Enigmática. Sin cortes publicitarios.

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