sábado, 27 de octubre de 2018
YA SÉ QUE PUEDO
Ya sé que puedo morirme tranquilo, el mundo que soñé he comprobado que existe. Lo corroboran mis labios y mis manos, también algún que otro apéndice, como la nariz, por ejemplo, o mis orejas, que también son otro de los ejemplos. Mis ojos se lo tienen muy creído: se piensan todopoderosos frente al resto de mis sentidos, y bien sé que eso no es cierto: ellos no saben a qué sabe tu saliva ni a qué huele tu cuello, ni lo suaves que son tus párpados ni del murmullo de tu respiración. Eso sí, si ellos te ven, el resto de mis sentidos se ponen en amorosa alerta. Démosle el privilegio de ser los supremos vigías de mi dicha, ésa que tú encarnas a la perfección.
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