jueves, 21 de agosto de 2025

 Terminó la cosecha. Dentro de la endeble caja de láminas de madera, vacía ya de verduras,
duermen, abrazadas, mis dos gatitas.

El patio es ahora lugar para lo desértico: donde estuvo lo verde, ahora está lo ocre; donde prendió su candela una flor de calabacín, ahora cruje su seco sarmiento; donde habitó lo tangible, ahora prolifera la ilusión del nuevo proyecto, futuras siembras, así como el recuerdo de lo finalizado. Pero también lo es mi patio ahora sitio para el recreo de mis gallinas, que por fin, libres de toda riña, alcanzaron su añorado botín de escarbar en la tierra prohibida.

Mientras escribo, a veces, levanto mi mirada, y enfrente: mi moral, engrandeciéndose en oro, lentamente, con el amanecer. Brilla, moral mío, brilla y sé verde y sé de oro, antes de que el otoño, que está al acecho, te desnude y convierta en vago simulacro de lo que ahora eres, en este mismo instante, frente a mis ojos, ese algo que no sé definir: ¿glauco globo aerostático anclado en tierra? ¿Siempre a punto de partir?, ¿o acabado otra vez de tu regreso? ¿Con qué sueños sueñas tú, viejo y enorme y mudo amigo mío? Dímelo despacito, como cuando te meces tan lento ciertas tardes de calma; dímelo en mi oído falto de ese tipo de secretos, que bien te entenderé.

Húrtole minutos a mi día, a mi vida, para escribir pareceres propios: impresiones cautivas que libero sólo con observarlas, con sentirlas mías, porque qué sería yo entonces sin estos momentos donde el mundo me parece hasta bonito, dulce y apacible, magnético y enamorante, como el soplar de unas velas, sean de tela o de cera, la relectura de un manido libro de versos sabidos ya de memoria, o ese primer bocado a la porción de tarta de mi mismo cumpleaños.

domingo, 10 de agosto de 2025

 Habito entre las ruinas de lo que nunca fui. Respiro los retales de un aire imaginado. Pero incesante, en mi centro, este batir de alas: las alas del ensueño. 

Tengo más a lo etéreo por materia, que a lo palpable: dichosas mis costumbres de besar a las nubes, de abrazar a la niebla, de escribir poesías sobre la piel del viento. 

Tiene la piedra un algo de mi espíritu; como lo tiene el río, con su alargado abrazo; como lo tiene el sauce, con su lánguida pena. Es un algo tendente hacia lo mudo, como un gritar callado, un abrirse hacia dentro, la multiplicidad de lo individuo: me crezco en soledad, me ablando con lo duro. 

Mientras tanto, seguiré como siempre: sin comprender el mundo, sin entrar en el mundo. Ese mundo contable, tan de números.

Que yo para contar prefiero los otoños, cada hoja caduca que piso sin querer en mi camino.

jueves, 31 de julio de 2025

 Un cénit de verano 
sobre la vertical señal de tráfico.
Entre la escueta sombra,
o férvida sartén, y en la cuneta,
resuella un pajarillo.

domingo, 6 de julio de 2025

 Cuando la vida se inclinaba 
lentamente hacia el sueño; 
cuando las plantas y animales 
comenzaban a vivir su diario intervalo 
de leve inexistencia, 
apareces de pronto 
desde un fondo de sombras 
con tu ropa de polen, 
con tu vestido ingrávido. 
Cariátide de azúcar, 
sobre tus tibias riberas 
soportabas el pasado; 
allí, donde tu pelo; 
allí, donde mis besos una vez 
conocieron las leyes de los vientos.

domingo, 29 de junio de 2025

 Yo sé que estás ahí,
como el murciélago en su cueva,
como el molusco está en su concha.
Y sé que aún me acechas,
esperando paciente mi descuido.

Yo vivo mientras tanto ajeno a tu presencia.
Me entretengo en el viento, 
en las ondas que traza 
en las blandas arterias de mi higuera; 
en la tinta y el verso; 
en el vino verdejo, 
o en la hilera de hormigas laboriosas.

Ya sé que es una tregua lo que a veces me tomo por victoria.
Y sé que estás herida en tu orgullo de fiera dominante.

Cuántas veces pudiste aniquilarme, 
cuántas veces me tuve por vencido, 
no tanto por tu fuerza, 
sino por tu constante empeño 
en transformar en humo 
cualquiera de mis sueños 
si osara tomar forma: 
mi anhelo de estudiante, 
un oficio discreto de maestro de escuela 
en un pequeño pueblo, 
por darte algún ejemplo. 

En cambio me cambiaste por muñeco pelele en un mundo de fieras, 
allí donde lo ingrato 
tomaban por escudo en su bandera.

Aunque tú me persigues desde siempre. 
Me recuerdo de niño, 
llorando en la almohada sin saber el motivo. Me recuerdo solitario y uraño, 
tal el que sin saberlo, futuro inexorable dictaba en sus presagios.

Y así fue. Así vivo, 
amarrado de lleno y desde entonces 
a tu ingrata labor 
de expulsarme la gracia y para siempre 
de un vivir festejando día tras día 
el enorme milagro de estar vivo.

Mas nunca te elegí, sino que fui elegido. 
Y aún hoy no te elijo, sino que sin remedio, amarrado de lleno como digo 
a tu hiriente colmillo de sierpe traicionera, 
en momentos cruciales y fugaces, 
ignoro tu presencia como si no existieras, 
tal si nunca te hubiese conocido.

sábado, 14 de junio de 2025

 El sol apaga el día mientras pienso en tus párpados.
Tus párpados fanales encendiendo mi noche.
No hay medida de espacio ni de tiempo 
en los hondos lugares del recuerdo.
Aquí estás, aquí estamos,
en esta soledad de almíbar y canción,
en el tacto perpetuo de tu voz en el aire.

viernes, 23 de mayo de 2025

Ya pardean las hierbas de mi patio. Sólo ya de verdes vivos: mi puñado de árboles, con mi naranjo irreductible, con mi higuera dulce, con mi hirsuto azofaifo, la buganvilla, y mis rosales, y mi hierbabuena. Toda mi pequeña huerta.


Sobre las cañas, donde los pimientos y las berenjenas, se ha posado un jilguero, fugaz, como grano de nieve en la mano de un niño.

Cuánto rojo y amarillo ardientes, de pronto, en la mañana gris.


Pero mayo, como el jilguero, es ya un suspiro. Los fríos se encomiendan a sus dioses, y ofrecen sus postreros coletazos.


La vida: un tiovivo. Incesantes, los ciclos de la tierra van y vienen, giran y giran. Misterioso carrusel con nuestras vueltas contadas.

martes, 13 de mayo de 2025

 Con mi mano, limpio a diario las cáscaras de cal que van depositándose en mis repisas.

Blanca y menuda materia del tiempo y su dinámica.

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La exquisitez tiene matices, gamas de acepciones, de aceptaciones. 

Vino en rama al trasluz, con sus bien visibles partículas flotando: me encandilan, igual que pecesillos en acuática y nutriente cárcel de cristal. Peces que incrementan el sabor, que lo potencian. Y son culmen, para mí, de lo exquisito.

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Yo regaré mis sangres nuevamente, de lo que fue mi padre ensangrentado, y en recia copa recio vino en rama, voy a brindar por él y sus cojones. Yo aplaudiré en el viento su coraje, su duro padecer sin premio alguno. Tatuará la muerte en mi esqueleto la imagen de una flor que no dio aroma, porque no tuvo aire donde abrirse.

 Terminó la cosecha. Dentro de la endeble caja de láminas de madera, vacía ya de verduras, duermen, abrazadas, mis dos gatitas. El patio es ...