sábado, 5 de mayo de 2018

Si me acompañaras en mi galería verías altos árboles frondosos.
Oirías piar pájaros exóticos;
plantas aromáticas flanquean los caminos que suben a la cima
o el que baja a la playa virgen.
Allí los albatros se enamoran de las gaviotas y las palmeras se inclinan sobre las olas ofreciéndoles su fruto.

Siempre hay luz en esa galería.
Es de una antorcha que llaman amor.

Pero si la luz se apaga (desgraciadamente es una luz frágil) entonces verías la realidad de esa galería:
es una caverna
negra,
fría y húmeda.
Como la misma muerte.

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